Bajo el cielo de la noche de invierno

¿Qué es mejor ahora? ¿Cerrar los ojos o esperar el amanecer?
Veo la niebla de la noche, y a lo lejos, las luces de la gran ciudad.
Hay mucho frío en la calle… hay mucho frío en el mundo,
bajo este cielo que nos oculta las estrellas, haciendo de esta
una noche sin fin, una noche sin amanecer…

Bajo el cielo de la noche de invierno veo caer mis ilusiones,
que no hay nadie más a mi lado, que nunca hubo nadie,
y que todo este tiempo he viajado solo, perdido y lejos del camino.
Pues sí, estoy solo en esto… solo en mis sueños,
en un mundo vacío, triste y monótono, que disuelve para siempre
los sueños de sus habitantes.

¿En qué momento hemos caído? ¿En qué momento se marchitó nuestra ilusión?
Aquel lejano sueño hoy solo es eso, un sueño lejano,
y nadie aquí me ayudará a alcanzarlo, porque para ellos no existen visiones.
¿Para qué pintar un mundo ideal, si a nadie más le importa?
¿Para qué soñar en grande, en una sociedad donde ser mediocre es la regla?
Solo soy un pequeño errante, en medio de las calles y los grandes edificios,
en medio de otras miles de personas,
en medio de este mundo donde no queda nada.

¿Lo ves? Bajo el cielo, más allá del horizonte, al otro lado de la ciudad…
¿Lo oyes? Más allá del viento, como un susurro…
¿Lo sientes? En el frío de la naturaleza,
cuando los días soleados quedaron atrás
y la brisa cálida solo es un recuerdo…
Allá están nuestros sueños, allá está el futuro, allá está esa vida
que nadie quiere ver, porque para ellos no existen visiones.
En realidad, todo está en nosotros mismos.
Todos los valores, toda nuestra energía, todo lo que somos…
¿para qué buscar todas esas cosas en este mundo vacío,
en dioses que nada saben o en hechizos de falsa magia?
¿Para qué se complican tanto la vida, buscando respuestas en esta situación,
o lo que es peor, inventándoselas, cada vez con peor suerte?

Después de este sueño infinito, en un mundo vacío,
parece que nuestros sueños se perderán para siempre… ¿por qué?
¿Por qué no darle color a esta vida, a esta ciudad?
¿Por qué no rebelarnos y escapar de esta oscuridad?
¿Y si inventamos otra realidad, donde los sueños sean realidad?

Después de este sueño infinito, en este triste y miserable mundo,
parece que el sentido común limitará nuestra vida… ¿para qué?
En fin… ¡basta de quejarse! ¡basta de esto!
Venga, ¡nunca más esta será una ilusión vacía!
Si nadie más comparte este sueño, ¿qué le voy a hacer?
Avanzaré solo, ya no importa el resultado, porque
bajo un día de Sol, bajo la luz de la Luna,
siempre encontraré algún punto para un nuevo comienzo.
¡Correré! ¡Correré! ¡Más rápido que el viento!
Al final de este camino están los frutos de nuestros sueños.

Todo saldrá bien, lo sé, lo veo en el horizonte.
Todo será mejor, lo sé, estamos a un paso más allá del mañana.
Y nada va a opacar esta intensa emoción,
aunque nadie entienda de nada, aunque los amigos dejen de serlo.
Al amanecer, este problema se disolverá,
y llegará el día soleado en medio del invierno gris,
y nada me hará retroceder… no puedo detenerme…
porque mis sueños están más lejos que el viento,
más alto que el cielo…

Ica, 23 de junio de 2011 | 4:21 a. m.


Aquel invierno fue uno de los más especiales de mi vida, entre otras cosas, porque comencé a escuchar más música japonesa, comenzando por los openings y endings de Pokemon y Digimon. Los fanáticos conocedores claramente reconocerán, al menos, fragmentos de Butterfly de Kouji Wada y Kaze no message de Mai Mizuhashi (enlaces no oficiales). Si en su tiempo opté por incluirlas en mi composición fue porque me encantaba (me encanta) la filosofía que transmiten y porque sentía que eso era lo que quería de la vida.

Imagen: thephilippena

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