Ten una vida interesante

Pues eso, ten una vida interesante.

¿Qué esperabas? ¿Un compendio enciclopédico acerca de técnicas para hacer más interesante la vida?

De cualquier forma, si un día terminas como yo, sumergido en el aburrimiento, el aislamiento y la oscuridad, te convendrá recordar que:

1. Es mejor enfocarse en las cosas que queremos que pasen

La era de la victimización promueve el enfocarse demasiado en los problemas. Promueve indignación, le echa la culpa de nuestra situación a los demás, se inquieta ante cualquier postura que sugiera que su berrinche no es para tanto o está mal direccionado.

Lo cierto es que definir, describir y delimitar problemas es muy meritorio… en el campo de la investigación científica. A no ser que te dediques a la investigación o trabajes para un noticiero —en cuyo caso contarías malas noticias a cambio de dinero que necesitas para comer—, enfocarse en los problemas no es una actividad tan provechosa.

Ese esfuerzo lo puedes destinar para investigar y probar soluciones y para predicar con el ejemplo.

Si no te alcanza la energía para eso… por lo menos podrías comenzar enfocándote en cosas buenas que quieras alcanzar a un nivel micro, y si todavía no las tienes, al menos busca un show que te haga reír o mira una maratón de documentales.

Ojo, no basta con eliminar los estímulos negativos. También deberás pensar en qué harás con las horas que dejas de torturarte con el noticiero o con las redes sociales. Podrías comenzar estudiando buenos libros, o saliendo al gimnasio, o participando en un buen voluntariado.

No basta con quitar lo malo de tu vida, tienes que comenzar a implantar lo bueno 😌

2. Es más provechoso hacer algo útil por los demás

Tengo vecinos de unos años menos que yo, cuya vida es echarse a ver tele, jugar fulbito con los amiguetes, hacer coitos ruidosos con las mujeres que traen y también hacer bulla cuando llaman a sus mamás para pedirles dinero.

Respeto mucho a la gente cuyo ideal de vida perfecta es tirarse todo el día en la cama o en la playa. Yo apenas podría soportar seis horas, y no sin cierto tustús.

Preferiría pasar esas seis horas caminando. O mejor, haciendo trabajo de campo, o en el campo (agricultura), ya que estamos. En estos meses no he tenido que preocuparme por proyectos grandes… y he de reconocer que ha sido de lo más aburrido.

Es cierto que el año pasado estuve estresado hasta más no poder —solía ser director de imagen de cierta entidad, y además, trabajé para los censos de población y vivienda de mi país—. También es cierto que esos meses han sido de alta productividad, con personas reales disfrutando (o quejándose) de los resultados de mi trabajo.

Otro ejemplo: tengo muchos compañeros felices de pasar el día en quirófanos y consultorios, correteando en el mundo paralelo del personal hospitalario. Yo estudié para hacer eso, y un buen día descubrí que eso me aburre. Pero ¿acaso eso descalifica la sensación de productividad y de utilidad de mis compañeros?

Tu tarea es encontrar el tipo de trabajo que mejor se adapta a tus preferencias. Quizá tu futuro esté dentro de un quirófano. O conduciendo un camión por todo el país. Pero no lo sabrás si no lo buscas activamente.

Y también, aprende a valorar la sensación de (poca) utilidad de las personas muy ancianas o discapacitadas, pero es que ¿cuánto honor se puede tener mostrándose mantenido ante los demás? Hazles felices y dales un trabajo de cierta complejidad.

El aburrimiento es una forma lenta de morir, así que reemplázalo con una ocupación que te haga sentir útil (y, en efecto, sea útil, no cualquier cosa vale) 👩‍🌾

3. La realidad que te rodea no es toda la realidad. Sal a ver el mundo

Si puedes pagarte un viaje por el mundo (y ojo, incluyendo destinos en el África subsahariana y en América del Sur), pues vete. Aunque sea tirando dedo, pero vete.

Aunque tampoco es necesario esperar a tener suficiente para pagarte la entrada a Machu Picchu y un mes en el Mishi Wasi. Aprender un idioma (aparte del inglés) ya te enseña una nueva cosmovisión. Escuchar música que no sea reguetón ni cumbia ni baladas ni ochentas (o lo que sea que esté de moda) ya es bastante. Ver documentales sobre la biodiversidad, la tecnología y la historia de tu país ya es muy revelador.

La idea es que seas consciente de la diversidad que nos rodea. Que sí, hay hombres que disfrutan del sexo con hombres, hay mujeres que abortarán sin que les importe tu opinión ni la legislación vigente, hay gente que disfruta fumando y embriagándose, hay comunidades que adoran a otro dios que no es el tuyo, y que no hay mucho que puedas hacer al respecto.

De la misma forma, es meritorio y válido que alguien tenga los gustos de la mayoría. ¿Que eres el único que no se sube al coche del mundial de Rusia? ¡Perfecto! Pero las otras 99 personas disfrutan de los partidos, hacen apuestas y te lo recuerdan a cada instante. Y eso está bien.

No se trata de imponer tu mundo al resto, sino, de aprender a convivir con los demás y partir de lo que tenemos en común 👫

4. Mejor acompañado que solo, pero mejor solo que mal acompañado

Soy un tipo que tiende a ermitañizarse a la primera que le toquen demasiado las pelotas. No creo que me acostumbre a corto plazo a que me escriban a diario, y una de las preguntas que más odio con mi vida es «¿cómo estás?», acaso porque 0.0001% de veces mi respuesta será distinta a «bien».

La verdad es que me gusta stalkear a la gente en redes sociales y repartir likes y corazones como quien reparte el rico lonche luego de una conferencia. Pero tengo cada vez menos «contactos» y cada vez más temas, páginas y personas silenciadas en redes, y me gusta ese modo de vivir. La realidad que me rodea puede ser muy negativa y deprimente.

Pero no os engañéis.

Aquí me refiero a vivir distanciado de aquellos estímulos que sabemos que no aportan mucho, vale decir chismes, noticias malas o distractores. En mi caso, como también he abjurado de mi vida anterior (centrada en mostrar a los demás una imagen de «quiero volver a medicina»), cortar con cualquier mención a temas de la especialidad también ha significado una gran limpieza mental.

La soledad, el aislamiento y la distancia me han mostrado las cosas que de verdad me importan.

Ahora bien, como dice la doctora de la posta médica, todo en exceso es dañino, y la soledad no es la excepción. Los seres humanos estamos hechos para el contacto, para las interacciones reales. Ni 150 años de telégrafo-teléfono ni 15 años de redes sociales van a tumbar millones de años de evolución.

Sal y conoce gente. Y si tienen alguna costumbre o controversia que no te convence, recuerda el punto anterior: somos diversos y no hay mucho que hacer al respecto.

Seguro lo que tenéis en común es más fuerte que tonterías como si gusta o no la pizza o si gusta o no la discoteca, pero si eso es importante para ti, te convendrá más salir con quienes comparten esa afición. Pero también date un espacio para probar cosas nuevas que sabes que no te harán daño.

Pero no solo te limites a salir con gente. Busca un grupo de apoyo, alguien a quien puedas recurrir en los momentos de diversión y también en los momentos de dolor. Para eso, tú mismo tienes que volverte alguien a quién recurrir en momentos así, recuerda que es gratificante ser útiles a los demás. Para recibir, primero hay que dar.

5. La teoría está bien, pero si no decides ponerte manos a la obra seguirás en las mismas

Pues eso.

Y como este artículo, sin querer, me quedó largo, si no tenéis muchas ideas les sugiero leer esta entrada archivada de Borja Prieto: Una alternativa a la universidad.

¡Tengan una excelente semana!
Bye bye! 😌

Imagen: A_Werdan

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