Estar en la universidad: lo que sí importa

La universidad, ese lugar al que todo el mundo quiere ir, ¿cierto?

A no ser que quieras dedicarte a la medicina, la ciencia, la ingeniería, el derecho y otras pocas áreas, si supieras que muchas metas se pueden alcanzar sin universidad, quizá te lo pensarías más de una vez.

Sí, es interesante asistir a clases (y a fiestas de discoteca, alcohol y reguetón) con otras chicas y chicos de tu edad. Es posible que sea lo que necesitas para pasar el tiempo. ¿O no?

Piensa, ¿por qué postular a la universidad? ¿Para complacer a tu familia? ¿Para que no te agarren de empleada doméstica por cinco años más? ¿Porque crees que allí te enseñarán todo lo que necesitas saber para salir al mercado laboral?

Está bien tener ilusiones, pero también creo que la verdad libera a la gente. Y la verdad es que la universidad está avanzando hacia la sobrevaloración, asumo que porque se cree que un título te va a asegurar un puesto de trabajo en alguna oficina o estudio ajeno.

Si supieras lo duro que es hallar uno solamente con tu cartón.

¿Sabes? La mayoría de la gente que tiene éxito al salir de la universidad es aquella que invierte su tiempo y su energía en volverse referentes para cualquier público dispuesto a contratar sus servicios, ya sea pasando tiempo con clientes y mentores o moviendo hilos en las oficinas de recursos humanos.

Ellas tienen más posibilidades de encontrar un trabajo.

En cambio, quienes solo viven de examen en examen necesitarán más tiempo.

Además, la universidad no suele aplicar los principios del mercadeo (a plena luz del día; bajo la mesa ya es otro cantar), ni suele enseñarte cómo emprender con tu profesión.

Hay muchas cosas sobre el mundo universitario que me habría gustado saber en mis primeros años de carrera, cosas que sería útil que las explicaran, como mínimo, el primer día de cada ciclo. Estas son las que voy a tratar a continuación, y espero que te ayuden a entender el mundo en el que te acabas de meter y comiences a pensar en cómo sacar el máximo provecho de esta etapa.

1. La educación reglada es un juego

Cuando tu padre considera que enviarte a la universidad es la mejor inversión que puede hacer por ti, lo que tiene en mente suele ser ​el mejor de los casos​.

El mejor de los casos es que el sitio a donde irás a estudiar es una ​«universidad ideal»​, cuyas características son:

  • Tiene reputación de reunir a los mejores profesionales de su campo, a la élite intelectual de tu región (y no, el que de allí salgan buenos egresados no siempre se correlaciona con la calidad académica de la formación).
  • Tiene lineamientos y programas específicos de investigación, desarrollo e innovación. Sus laboratorios y talleres están en funcionamiento permanente y al servicio de la ciencia, de la universidad y del público general.
  • Tiene publicaciones​, ya sean ​científicas (que si están en revistas indizadas en Scopus ya van por buen camino) o ​ensayos académicos en los que sus docentes disertan sobre temas coyunturales.
  • Su sistema de evaluación está centrado en resolver problemas (a ser posible, de beneficiarios reales) ​o ejecutar proyectos (idealmente, de largo plazo; con una charla en una posta en el fin del mundo no basta).

Por otro lado, desde 2014 rige en el Perú una ​nueva ley universitaria​, que establece condiciones básicas de calidad para estos centros. Su incumplimiento está llevando al cierre a muchas universidades mediocres.

Lo relevante para ti es saber que, según esta ley, ​la duración mínima de los estudios es de ​cinco años y que, una vez culminada la formación, para obtener el título deberás:

  1. conocer un idioma extranjero o nativo (sin embargo, ¿qué nivel? ¿A1? ¿C2? No especifica qué se entiende por «conocer» un idioma),
  2. presentar un trabajo de investigación (que, en realidad, podrían haberlo llamado ​artículo de revisión​), y
  3. sustentar una tesis​ (una ​investigación original​ propiamente dicha).

Para otros países andinos, ignoro qué condiciones específicas podrían pedirte para obtener el bachillerato y el título profesional. Quizá también debas presentar una tesis o un trabajo final. Pide información de quienes ya superaron esa etapa y revisa las leyes universitarias de tu país.

Ahora bien, casi todas las universidades ideales están en la capital y, o bien la competencia para ingresar es reñidísima, o la mensualidad cuesta más que la plaza principal de tu distrito.

Para casi todas las demás, ​ya puedes ir olvidándote del «estudiar para aprender»​.

  • En muchos casos, el programa currricular se orienta a formar autómatas que aplican soluciones ya conocidas (y quizá desfasadas).
  • Llevarás cursos que te parecerán más o menos relevantes (sobre todo, en estudios generales​), pero allí están, para rellenar los cinco años que exige la ley.
  • La fragmentación de las asignaturas no suele acompañarse con jornadas de integración de los conocimientos a cargo de ​los mismos encargados de dictarlas​. Apruebas el curso y se acabó todo.
  • Aunque es verdad que algo de tu profesión vas a aprender, ​las reglas del juego no suelen orientarse a medir tu capacidad de resolver problemas de clientes de verdad, sino cuánto del conocimiento de los libros ilustrados has retenido para los exámenes y exposiciones​.

También puedes ir olvidando eso de que encontrarás docentes que te «enseñen»​.

Por supuesto que existen, pero:

  • Los profesores de universidades e institutos no ideales suelen centrarse demasiado en su propio curso y buscan que ​acumules los conocimientos de su​ libro o fotocopia, más allá de si estos servirán en ​tu​ práctica cotidiana.
  • La mayoría de docentes te van a ​exigir​. Presentarás tantas o más tareas que en el colegio, aunque muchos ni siquiera se molestarán en darte una charla introductoria del tema a tratar. Eso sí, para preguntar cosas difíciles en la clase y en los exámenes son medallistas panamericanos.
  • Que te enseñen los fundamentos del método científico y del pensamiento crítico, además de cómo aplicar la teoría para plantear soluciones a las necesidades de personas reales, depende más de la suerte que del licenciamiento.

—Eduardo, no sé a qué universidad fuiste tú —pues mira mi LinkedIn, pero en la UNABC sí me enseñaron lo básico para hacer XYZ, pero depende siempre de tu empeño, de tu iniciativa y de tus ganas; todos los cursos son importantes, etc.

Es verdad. En la universidad, ciertamente, sí vas a aprender muchos aspectos de tu profesión, tanto los teóricos como los prácticos. De lo contrario, esta habría desaparecido hace siglos, cuando todavía se recurría al método memorista.

Estudia para aprender, si quieres, pero ​recuerda que para sacarte el título deberás cumplir las condiciones​ estipuladas en la ley, en la malla curricular y los sílabos.

Para ello, no hay más remedio que aprobar exámenes, presentar tareas a la mala y participar en campañas cuyo valor no termina de convencerte. Eso sí, hay algunas técnicas que aligerarán tu carga:

  • Estudiar a partir de exámenes pasados (banquear).
  • Externalizar la redacción de ciertas tareas.
  • Faltar a ciertas clases, asumiendo que el tiempo recuperado lo usarás para banquear, terminar tareas o ​trabajar​ en algo más rentable.
  • Ir a las reclamaciones. (Yo nunca lo hice, pero a mis amigas les funcionaba.)
  • Aprender las ideas esenciales en la última semana de vacaciones, y repasar media hora cada día para evitar el atracón de la semana de parciales.
  • Preparar el artículo de revisión y la tesis desde tercer año: buscar ideas, libros, mentores, laboratorios y todo lo demás. Habrá meses interminables de revisión y discusión, así que mientras antes empieces, menos estrés. Pregunta en tu facultad.

Recuerda que la gracia de ir a la universidad es obtener un título para ​parecer una experta en tu profesión y para que otros titulados te reconozcan como una más del gremio. ​De poco te servirá acumular conocimientos y experiencias si no te lo sacas​; tendrías que ser visionaria y decidida a lo Dawn Steel o a lo Steve Jobs para crearte un puesto de trabajo rentable sin un título.

2. El aprendizaje está fuera de la universidad

Es posible que en tu centro de estudios se organicen actividades de proyección social y prácticas preprofesionales, y eso está bien.

Sin embargo, por alguna razón, la mayoría de entes educativos (o de sus docentes) aparenten estar alejadísimos de nuestra dimensión muggle. Dime, ¿cuándo es que te explican los ​requisitos para montar una empresa (se trate de una consultoría, de una clínica o de un estudio, según la profesión)?

¿Cuántas veces te pidieron aplicar los ​principios del mercadeo para atraer a tus primeros clientes o para generar una buena impresión en las entrevistas de trabajo?

¿Cuántos profesores tienen la suficiente profundidad para discutir los avances científicos y técnicos​ más recientes?

¿Cuántos, siquiera, saben hacer una declaración de renta o qué funciones tienen los representantes de los principales poderes del Estado?

Debería darnos vergüenza el que, habiendo nacido en plena era del conocimiento y la informática y con la escolarización obligatoria desde los seis años, no tengamos ni p*ta idea de estos temas tan elementales para la vida adulta. ​Hace falta leer fuera del programa curricular, seguir a expertas y maestros que dedican su vida a estudiar y enseñar estas cuestiones.

Así, pues, ​haces mal en limitarte a lo que proponen tus docentes​, y con mayor razón si su único material de estudio son las mismas fotocopias de hace veinte años.

Por otro lado, ​haces bien si complementas tu formación con temas de ​economía, política y leyes; de psicología y relaciones humanas; de emprendimiento, ventas y mercadeo; y de nutrición y salud​. También puedes proponerte aprender habilidades mediante cursos de ​MiriadaX o ​Coursera​, o repasar temas de ciencias básicas en Khan Academy​.

No me extenderé mucho en este punto, pues los artículos ​Una alternativa a la Universidad de Borja Prieto y ​The One-Year, Alternative Graduate School Program —extracto del libro ​The Art of Non-Conformity​— de Chris Guillebeau, ​además de plantearte ejercicios específicos para comenzar​, reflejan mejor lo que intento transmitir: no dependas de la educación superior para comenzar a formarte en habilidades comercializables; puedes empezar ya mismo con lo que tienes a la mano (un keitai).

3. Es mejor comenzar con lo que ya sabes hacer

Nos han vendido la idea de que la educación superior reglada nos hará mejores profesionales. Sin embargo, luego de pasar diez años en las aulas estudiando dos carreras distintas, puedo asegurarte que sus métodos no son para todo el mundo.

Eso sí, puedes (y debes) maximizar la posibilidad de encontrar allí algo que se ajuste a ti ​eligiendo una universidad y una ocupación que sean las más apropiadas para tu forma de ser y tus sueños para el futuro​.

De mis ​razones para no estudiar medicina puedes deducir que cometí el granerror de meterme a ese mundo sin haber intentado primero integrarme en un hospital. En su momento, yo quería ser ingeniero de sistemas o de software porque tenía claro que quería ​perfeccionar lo que ya sabía​ sobre ​programar aplicaciones para pasokon​.

Incluso si solo quieres que tu familia te deje en paz, si no sabes ​nada sobre una especialidad determinada (y ​sabes que no tendrás ganas de aprenderla), ¿para qué te vas a meter en algo que no te identifica?

Luego de once años de colegio, ya deberías tener alguna idea vaga de qué profesión se te da mejor y te gustaría aprender​, ya sea porque la viste en una serie, era tu deseo de infancia o te capacitas en ella asistiendo a cursos de verano.

Al momento de elegir una carrera, apuesta por algo que:

  1. Te cause emoción​, al menos la suficiente para querer dedicarte a ello y perfeccionarte por diez, veinte o cuarenta años, e incluso cuando todavía estás «en formación». De hecho, tus ganas de actuar deberían superar a ​tu síndrome del impostor​.
  2. Ya hayas hecho para otras personas​, ya sea porque ayudas a tus vecinos en temas y procedimientos relacionados, o participas activamente en foros y comunidades dedicadas a la profesión. A no ser que hayas dedicado los veranos a rascarte la entrepierna, ya habrás hecho algunas tareas para tus padres y familiares, ¿no? ¿Cocinabas en casa y eras buena anfitriona? Piensa en la gastronomía o la pastelería. ¿Salías bailando en las actuaciones? Considera la enseñanza de danzas tradicionales.
  3. Sea comercializable​, es decir, que exista un mercado para esos servicios, a ser posible, en tu ciudad, en tu ciudad favorita o en Internet. Incluso deberías tener claro quiénes solicitan los servicios profesionales que deseas vender (y me refiero a referencias del tipo «la tía de mi amiga Luana contrató a Menganito Quispe para hacer FGH»). Añade a la tía de Luana y a Menganito Quispe a tus contactos y aprende de sus necesidades y procesos.

¿Cómo funciona esto?

La ​medicina puede causarte emoción por salvar vidas y toda la parafernalia. Si te encanta hablar de los consejos del Dr. TV, sabes medir la presión y auscultar el corazón, y has podido disfrutar de un par de guardias en una posta médica, ¡adelante! Además, aunque deberás competir por una plaza para trabajar, sabes que existen esos puestos de trabajo, dónde están y cómo se accede a ellos.

¡Ojo! Aquí ​asumo que ya sabes hacer todas esas cosas​, que ya conoces mucho sobre salud y enfermedades antes de salir del colegio. Además, incluso así te convendría evaluar primero otras carreras análogas, como la enfermería (que se orienta todavía más a la atención y el cuidado), la odontología, la obstetricia o la psicología. Pide información a tus mayores y date tiempo para experimentar en contextos reales.

Una carrera como ​física​, por su parte, también puede causarte emoción e incluso habrás sido la que hacía las tareas para sus amigas, con sus DCL y todo. Pero no tiene un campo de trabajo tan amplio y definido como la medicina, el derecho o la ingeniería. (O soy yo quien lo ignora.) No se ven muchos físicos en las noticias, y tampoco se necesita ser uno para enseñar física.

Si no hallas una forma de vender tu profesión, tu paso por la universidad será un desperdicio de tiempo y dinero.

Por supuesto, hay carreras y carreras. Es posible que, por ejemplo, quieras ser influenciadora, traductora o mangaka. Para lo primero puedes, si te interesa un título, estudiar comunicaciones y complementar tu formación con cursos de edición de video, lenguaje corporal y mercadeo de cara a las marcas. (Que es lo que de verdad vas a hacer, ¿o en matemáticas de primer ciclo harán ejercicios sobre las métricas de Instagram y las declaraciones de renta de cuarta categoría?)

La carrera de traducción y los talleres de manga pueden no estar disponibles en tu ciudad, así que es posible que tengas que comenzar con «otra cosa» para no contrariar a tu familia. ​Una solución intermedia es estudiar una carrera técnica que te dé tiempo libre, formarte, emprender y, una vez con dinero en mano, marcharte a otra ciudad para cumplir tus sueños.

4. Sí, importa a quiénes conoces

Por eso, ​tu prioridad debe ser el relacionarte con tus clientes desde el día uno y, a la vez, volverte una referente en tu especialidad​.

Siendo realistas, ¿de verdad necesitas un título para traducir libros ilustrados, conducir paseos turísticos o llevar la contabilidad de una empresa familiar?

Hay profesionales que lo hacen sin título, y reciben el apelativo cariñoso de «intrusos», supongo que porque a alguien hay que echarle la culpa de la mala percepción que otros tienen de tal o cual especialidad.

Entiende que el dinero llega a ti por aportar respuestas y soluciones a las personas.

Yo no tengo la culpa de que muchos «intrusos» (de los que ni siquiera leyeron un libro de tu especialidad) sepan venderse, atender y entender a los clientes mejor que tú. Así que deja de lado ese cuento y ​no esperes a terminar la universidad para empezar a posicionarte como la mejor solución; ve y sal a hacer lo que vas a hacer como profesional​.

Relaciónate con los clientes desde el primer día, contacta a tus compañeras mayores al día siguiente de ingresar a la universidad, busca formas de practicar la profesión con experiencias de campo, a ser posible con una mentora de tu lado. Si eres de educación, monta una miniacademia; si eres de traducción, colabora en equipos de fansub; si eres de derecho, intenta explicar el Código Civil a tu tía que está pensando en poner una denuncia por alimentos.

Por supuesto, ​la formación académica previa es necesaria para entender y perfeccionar tu método, pero es al resolver problemas e implementar estrategias que demuestras tu verdadera capacidad de producir un impacto positivo en las personas que acudirán a ti​.

Otra forma de buscar clientes (y mentoras) es colaborar en proyectos de otros profesionales. Ofrécete a hacer revisión bibliográfica, a recolectar datos de campo, a mantener los equipos del laboratorio o a sacar fotocopias (en una empresa de lo tuyo, no en una galería de tipeos piratas).

Busca personas que ya hayan logrado lo que quieres alcanzar y que estén dispuestas a compartir de buena gana sus métodos con los demás.

Recuérdalo: importa a quiénes conoces. Es más probable que quieras contratar a tus amigas (o a una experta cuyos videos sigas en YouTube) que a una desconocida uniformada cuya única validación es un fólder manila.

Sé la experta para la gente que te conoce. Participa en las reuniones que te acerquen a las personas que podrían contratarte en un futuro. Permanece alerta a las oportunidades de proyectos, pasantías y contrataciones. ​Demuestra tus capacidades compartiendo tus proyectos, métodos y experiencias.

Y ya que hablamos de compartir, ¿qué tal si aplicas eso de ​dar para recibir​?

Deja la timidez para tiempos mejores y dedícate a dictar charlas, abre un blog o un canal de YouTube, o usa la función de ​LinkedIn Pulse​. Participa en grupos de Facebook de tu especialidad, o ábrete una cuenta de ResearchGate si te interesa la investigación.

Aporta respuestas, tanto para tus colegas como para los que no saben ni papa​.

El compartir lo que haces y lo que aprendes te servirá para sentirte útil y posicionarte desde el día uno, para conocer posibles clientes y obtener respuestas de tu mercado, y para hacerte consciente de tus fortalezas y limitaciones.

Es cierto que muchas veces tendrás dudas, o no tendrás la respuesta para ciertos problemas, o tropezarás debido a tu inexperiencia. No importa, porque es parte del camino hacia la experticia. Pregunta a la que sí sabe y aprende a documentarte e investigar. (Que es lo que se hace en contextos reales.)

Si a la gente le gusta tu contenido (o si a otros les parece una mierda), créeme que te lo harán saber. Si hay errores e imprecisiones, también te lo dirán, ya sea con buenas maneras o con ataques ​ad hominem​. Aprende a reconocer tus errores, a defender tus ideas con buenos argumentos y a retirarte si, con ello, evitas alimentar al trol.

5. Tu estilo de vida es tu responsabilidad

La verdad es que esto debería ir bien arriba. La mayoría de autores de desarrollo personal, desde ​Tim Ferriss hasta ​Camilo Cruz, te piden comenzar con el ​diseño de tu estilo de vida​.

Al salir del colegio, es muy probable que te rodee la idea de que «para ser algo en la vida, hay que ir a la universidad», pero ¿te has puesto a pensar qué es «ser algo» para ti? ¿Cuánto deberías ganar como mínimo para decir que vives bien, para mantener a la familia que te gustaría tener?

ANTES DE PARARTE A PENSAR EN UNA CARRERA, PRIMERO DEBERÍAS RESPONDER A LA PREGUNTA MUCHO MÁS DIFÍCIL DE «¿QUÉ QUIERO HACER CON MI VIDA?».

De hecho, encontrar algo que quieras hacer a partir de los diecisiete años es mucho más importante que ver listas de universidades o quejarse porque no se implementa la educación subsidiada en tu ciudad.

¿Y si todavía no tienes una respuesta? ¿Y si lo que deseas no tiene carrera?

En situaciones así, ​investiga sobre las diversas posibilidades y prueba algunas cosas para descubrir qué te gusta y cuáles son tus valores​. Vuelve al punto 2: ​El aprendizaje está fuera de la universidad​; revisa los recursos que enlacé en el primer párrafo, o lee este artículo de Ángel Alegre: ​¿No sabes qué hacer con tu vida? Lee esto​.

Un año de formación alternativa suele ser suficiente para empezar, y casi nadie de tu familia te mirará con mala cara por subvencionarte. De nuevo, si quieres estudiar algo para que no te acusen de floja durante esta fase de búsqueda, vete a un instituto técnico que enseñe administración o contabilidad, muy útiles para la emprendedora que serás en un futuro.

Entiende que ​el camino a la adultez pasa por hacerse independiente​: tener un espacio para ti y preparar uno para tu familia futura, ser capaz de ​trabajar aportar valor a la sociedad y tener tu propia red de contactos.

No creas que solo hay oportunidades trabajando en tiendas y fábricas a cambio del sueldo mínimo. Hay ocupaciones interesantes y creativas que no requieren un título universitario: fotografía y diseño gráfico, redacción comercial y periodística, programación, locución y actuación, etc. En estas, es todavía más importante buscar a los mejores clientes y poner los precios apropiados para ganar bien.

En este siglo xxi está surgiendo un estilo de vida, el cognomadismo, en el que se trabaja en equipos colaborativos, desde la comodidad de tu hogar y a las horas más convenientes para ti, gracias a los beneficios de la revolución informática y la ampliación y abaratamiento de la cobertura de la Internet.

Esto ya es una realidad en Estados Unidos y en Europa, y tarde o temprano llegará con fuerza a nuestra Comunidad Andina. El auge de las influenciadoras colombianas y mexicanas es solo un pequeño aperitivo de lo que vendrá con la década de 2020 (y que la crisis coronavírica ya está obligando a implementar), sin embargo, ​nuestra «educación» todavía no nos prepara para ese mundo en el que la automatización y el trabajo a distancia transformarán de manera radical nuestra visión del trabajo adulto y del emprendimiento​.

Incluso las profesiones tradicionales pueden beneficiarse del desarrollo de un perfil cognómada, y fue pensando en sus futuras practicantes que escribí este artículo. Te sugiero averiguar más sobre estas ideas leyendo blogs como el de Franck Scipion​, o buscando tú misma en Internet.

Cuando sientas que tu mente está recargada de ideas, vete a un lugar donde no te moleste nadie, de preferencia uno silencioso, y escribe:

  1. ¿Qué te gustaría hacer con tu vida dentro de cinco años? ¿Dónde te gustaría trabajar? ¿Quiénes serían tus amigos y tu pareja? ¿Quiénes serían tus clientes ideales y cómo les servirías? ¿Dónde vivirías, con quiénes y con qué comodidades? Describe cómo sería un día de tu vida dentro de cinco o diez años, desde que te levantes hasta que te acuestes.
  2. ¿Qué deberías hacer para alcanzar esa vida? ¿Estudiar una carrera? ¿Unirte a una asociación? ¿Asistir a eventos? Lo que buscas, ¿está en otro país? (¿Qué posibilidades existen? ¿Hay becas y otros programas?) ¿Cuánto dinero necesitas? ¿Cómo esperas reunirlo? ¿Qué amistades deberías buscar y con quiénes deberías cortar?
  3. ¿Puedes comenzar ahora mismo (en 24 horas)? [Respuesta: sí.] Comprar exámenes de admisión para practicar, esquematizar ​el lienzo de una idea de negocio​, organizar una pollada para juntar dinero, mirar el primer video de un curso a distancia, aprender a medir la presión arterial mientras buscas la forma de practicar en una posta médica.

—​Todavía no se me ocurre nada​ :c

Está bien. También puede pasar que, a pesar de exponerte a diversas ideas y experiencias, sigas sin tener idea de qué quieres hacer con tu vida; o quizá no sabes cómo ni por dónde empezar.

Incluso es posible que, en realidad, estés atravesando por una temporada de ansiedad o depresión, con la consiguiente dificultad para encontrar la calma. Para estos casos, ​busca la asistencia de una (buena) psicóloga o mentora especialista en estas cuestiones​. (Porque no cualquiera te vale.)

La asistencia psicológica convencional te dará tratamiento y terapia con pastillas muy útiles para la neurotransmisión correcta. Pero si no atacas el origen del problema (que bien podría ser la falta de metas fijas o el posponer ciertas decisiones), tarde o temprano vas a recaer.

Así que ​TOMA DECISIONES Y BUSCA UN NUEVO SUEÑO POR EL CUAL LUCHAR​.

—​Pero tengo miedo a descubrir un día que esa carrera no es para mí y dejar atrás todo lo que hice hasta ese momento…

Bienvenida al club. Jamás habría descubierto que el trabajo hospitalario no se ajustaba con mis prioridades de vida si no hubiera estudiado medicina hasta el punto de necesitar integrarme en ese entorno.

El cambio es parte de la vida. ​Es normal que conforme vayas adquiriendo nuevos conocimientos y experiencias, tus aspiraciones, metas y creencias cambien o se reemplacen por otras. Por supuesto, también es posible que no sea así y que, más bien, se consoliden tus valores y principios y se intensifiquen tus objetivos y sueños de hace cinco años.

Se dice que ​te arrepentirás más por lo que no hiciste que por lo que sí​. Pero lo contrario también es cierto: también puedes ​arrepentirte más por hacer algo que pudiste evitar en su momento​, como decir sí a relaciones, trabajos y oportunidades que, con el tiempo, te esclavizarían sin que te des cuenta; o regalar tu primer beso y tu primera vez a quien nunca los mereció.

Para despecho de quienes piden leyes en las que el Estado (y cualquier tercero en general) te garantizará la vida, no hay forma de predecir el futuro, ni opciones 100% libres de errores o dilemas.

Por ello, ​otra habilidad que deberás desarrollar en tu tránsito a la vida adulta es aprender a vivir con las consecuencias de tus actos y confiar en tu capacidad de levantarte y seguir adelante​.

Epílogo

El compilar estos consejos y enviártelos es una forma de compartir contigo lo que he aprendido luego de diez años de universidad y otros dos probando ideas que me ayudaron a entender mis equivocaciones, me llevaron al límite de la miseria y también me mostraron cómo funciona el mundo real, confirmando ciertas premisas que tenía y desechando otras por basarse en datos desfasados o soluciones de efectividad dudosa.

Aunque me he esmerado para elaborar un documento coherente y válido, no deja de ser poco más que un producto de mi experiencia.

Ahora, me gustaría hacerte un par de preguntas.

¿Qué te parece lo que acabo de contar? ¿Es entendible y realista? ¿Consideras que son ideas prácticas o estoy cayendo en el juego docente de florear sin más? Si ya estás estudiando en la universidad: ​¿es verdad todo lo que digo o no?


Imagen de cabecera: Girl Library Education de cuncon se usa conforme a la licencia Pixabay.

Cita este artículo (NLM) como:
Vera-Palomino E. Estar en la universidad: lo que sí importa [Internet]. Ica (Perú): Shiny dreamer; 2020 sep 22 [citado 2020 %b 21]. Disponible en: https://shinydreamer.xyz/estar-en-la-universidad-lo-que-si-importa/.

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