Cinco verdades para la etapa universitaria

La universidad, ese lugar al que todo el mundo quiere ir, ¿cierto?

A no ser que quieras dedicarte a la medicina, a las ciencias, a la ingeniería, al derecho y a otras pocas áreas, si supieras que muchas metas se pueden alcanzar sin universidad, quizá te lo pensarías más de una vez.

Sí, es interesante asistir a clases (y a fiestas de discoteca, alcohol y reguetón) con otras chicas y chicos de tu edad. Es posible que sea lo que necesitas para pasar el tiempo. ¿O no?

Piensa por un momento, ¿para qué vas a postular a la universidad? ¿Para complacer a tu familia? ¿Para que no te agarren de empleada doméstica por cinco años más? ¿Quieres ingresar porque crees que allí te enseñarán todo lo que necesitas saber para salir al mercado laboral?

Está bien tener ilusiones, pero la verdad es que la universidad está avanzando hacia la sobrevaloración, asumo que porque se cree que un título te va a asegurar un puesto de trabajo en alguna oficina o estudio ajeno.

Si supieras lo duro que es hallar uno solamente con tu cartón.

Nos han vendido la idea de que la educación superior reglada nos hará mejores profesionales. Sin embargo, luego de pasar diez años en las aulas estudiando dos carreras distintas, puedo asegurarte que no necesariamente ocurre así y que sus métodos no son para todo el mundo.

La mayoría de la gente que tiene éxito al salir de la universidad es aquella que invierte su tiempo y su energía en volverse referentes para cualquier público dispuesto a contratar sus servicios, ya sea pasando tiempo con clientes y mentores o moviendo hilos en las oficinas de recursos humanos.

Ellas tendrán más posibilidades de encontrar un trabajo.

En cambio, quienes solo viven de examen en examen necesitarán más tiempo.

Además, la universidad no suele aplicar los principios del mercadeo a plena luz del día —bajo la mesa ya es otro cantar—, ni suele enseñarte cómo emprender con tu profesión.

Hay muchas cosas sobre el mundo universitario que me habría gustado saber en mis primeros años de carrera, cosas que sería útil que las explicaran, como mínimo, el primer día de cada ciclo. Estas son las que voy a tratar a continuación, y espero que te ayuden a entender la realidad de la educación superior y comiences a pensar en cómo sacar el máximo provecho de esta etapa.

1. La educación reglada es un juego

Cuando tu padre considera que enviarte a la universidad es la mejor inversión que puede hacer por ti, lo que tiene en mente suele ser ​el mejor escenario​.

El mejor de los casos es que ingresarás a una ​«universidad ideal»​, cuyas características son:

  • Reúne a los mejores profesionales de su campo, a la élite intelectual de tu región. Cuidado, el que de allí salgan buenos egresados no siempre se correlaciona con la calidad académica de la formación.
  • Tiene lineamientos y programas específicos de investigación, desarrollo e innovación. Sus bibliotecas, laboratorios y talleres están permanentemente al servicio de la ciencia, de la comunidad universitaria y del público en general.
  • Tanto el profesorado como el alumnado realizan publicaciones. Se incentiva tanto la búsqueda como la difusión de la verdad y de las ideas, ya sea a través de artículos científicos, ensayos académicos o reportes de casos. Docentes y alumnas participan activa y constantemente en el debate público.
  • Su sistema de evaluación se centra en la resolución de problemas o la gestión y ejecución de proyectos. Lo ideal es que se atienda a personas reales y se aspire a proyectos de largo plazo. Y no, una campaña de un día no suele generar el impacto necesario.

Por otro lado, la ley universitaria​ peruana vigente desde 2014 establece condiciones básicas de calidad para estos centros. Su incumplimiento está llevando al cierre a muchas universidades mediocres.

Según la misma, ​la duración mínima de los estudios universitarios es de ​cinco años y, una vez culminada la formación, para obtener el título deberás:

  1. conocer un idioma extranjero o nativo (sin embargo, ¿qué nivel? ¿A1? ¿C2? No especifica qué se entiende por «conocer» un idioma),
  2. presentar un trabajo de investigación (que, en realidad, podrían haberlo llamado ​artículo de revisión​), y
  3. sustentar una tesis​ (una ​investigación original​ propiamente dicha).

Ahora bien, casi todas las universidades ideales están en la capital o en alguna ciudad muy grande y, o bien la competencia para ingresar es reñidísima, o la mensualidad cuesta más que la plaza principal de tu distrito.

Para casi todas las demás, ​ya puedes olvidarte del «estudiar para aprender»​.

  • En muchos casos, el programa currricular se orienta a formar autómatas que aplican soluciones ya conocidas (y quizá desfasadas).
  • Llevarás cursos que te parecerán más o menos relevantes, sobre todo, en «estudios generales»​. Algunos son verdaderos centros de lavado de cerebro. La mayoría está más para rellenar los cinco años que exige la ley.
  • La fragmentación de las asignaturas no suele acompañarse con jornadas de integración de los conocimientos a cargo de ​los mismos encargados de dictarlas​. Apruebas el curso y se acabó todo.
  • Aunque es verdad que algo de tu profesión vas a aprender, ​las reglas del juego no suelen orientarse a medir tu capacidad de resolver problemas de clientes de verdad, sino cuánto del conocimiento de los libros ilustrados has retenido para los exámenes y exposiciones​.

Por cierto, también puedes olvidar eso de que encontrarás docentes que te «enseñen»​. Por supuesto que existen, pero:

  • Los profesores de universidades e institutos no ideales suelen centrarse demasiado en su propio curso y buscan que ​acumules los conocimientos de su​ libro o fotocopia, más allá de su presunta utilidad para ​tu​ práctica cotidiana.
  • La mayoría de docentes te van a ​exigir​. Presentarás tantas o más tareas que en el colegio, aunque muchos ni siquiera se molestarán en darte una charla introductoria del tema a tratar. Eso sí, para preguntar cosas difíciles en la clase y en los exámenes son medallistas panamericanos.
  • Que te enseñen los fundamentos del método científico y del pensamiento crítico, además de cómo aplicar la teoría para plantear soluciones a las necesidades de personas reales, depende más de la suerte que del licenciamiento.

—Eduardo, no sé a qué universidad fuiste tú, pero en la UNABC sí me enseñaron lo básico para hacer XYZ. La universidad no tiene toda la culpa. depende siempre de tu empeño, de tu iniciativa y de tus ganas; todos los cursos son importantes, etc.

Ciertamente, en la universidad sí vas a aprender muchos aspectos de tu profesión, tanto los teóricos como los prácticos. De lo contrario, habría desaparecido hace siglos, cuando todavía se recurría al método memorista.

Estudia para aprender, si quieres, pero ​recuerda que para sacarte el título deberás cumplir las condiciones​ estipuladas en la ley, en la malla curricular y en los sílabos.

Para ello, con las reglas actuales, no hay más remedio que aprobar exámenes, presentar tareas a la mala y participar en campañas cuyo valor no termina de convencerte. Eso sí, hay algunas técnicas que aligerarán tu carga:

  • Estudia a partir de exámenes pasados.
  • Externaliza la redacción de ciertas tareas.
  • Falta a ciertas clases, siempre que el tiempo recuperado lo uses para banquear, terminar tareas o ​trabajar​ en algo más rentable.
  • Ve a las reclamaciones. (Yo nunca lo hice, pero a mis amigas les funcionaba.)
  • Aprende las ideas esenciales de los cursos a llevar durante la última semana de vacaciones, y repasa media hora cada día para evitar el atracón de la semana de parciales.
  • Prepara el artículo de revisión y la tesis desde tercer año. Busca ideas, libros, mentores, laboratorios y todo lo demás. El proceso incluye meses interminables de revisión y discusión, así que cuanto antes empieces, mejor.

Recuerda que la gracia de ir a la universidad es obtener un título para ​parecer una experta en tu profesión y para que otros titulados te reconozcan como una más del gremio. ​De poco te servirá acumular conocimientos y experiencias en ciertas áreas si no te lo sacas​; tendrías que ser visionaria y decidida a lo Dawn Steel o a lo Steve Jobs para crearte un puesto de trabajo rentable sin un título.

2. El aprendizaje está fuera de la universidad

Es posible que en tu centro de estudios se organicen actividades de proyección social y prácticas preprofesionales, y eso está bien.

Sin embargo, por alguna razón, la mayoría de entes educativos (o de sus docentes) aparenten estar muy lejos de nuestra dimensión muggle. Si llevas ya un par de años en la universidad, dime: ¿cuándo te explicaron los ​requisitos para montar una empresa? ¿Qué sabes sobre inscribir tu marca? ¿Qué regulaciones tiene tu sector y por qué son tan fastidiosas?

¿Cuántas veces te pidieron aplicar los ​principios del mercadeo para atraer a tus primeros clientes o para generar una buena impresión en las entrevistas de trabajo?

¿Cuántos profesores tienen la suficiente profundidad para discutir los avances científicos y técnicos​ más recientes? ¿Cuántos pueden explicar con la mayor objetividad posible los puntos de vista ajenos, incluidos aquellos que no comparten?

¿Cuántos, siquiera, saben hacer una declaración de renta o qué funciones tienen los representantes de los principales poderes del Estado? ¿Cuántos leyeron la Constitución al menos una vez en la vida y son capaces de señalar sus aspectos positivos y negativos?

Debería darnos vergüenza el que, habiendo nacido en plena era del conocimiento y la informática y con la escolarización obligatoria desde los seis años, no tengamos ni p*ta idea de estos temas tan elementales para la vida adulta. ​Hace falta leer fuera del programa curricular, hace falta seguir a expertas y maestros que dedican su vida a estudiar estos temas y concienciar a la población desde sus respectivas especialidades.

Así, pues, ​haces mal en limitarte a lo que proponen tus docentes​, y con mayor razón si su único material de estudio son las mismas fotocopias de hace veinte años.

En cambio, ​haces bien si complementas tu formación con temas de ​economía, política y leyes; psicología y relaciones humanas; emprendimiento, ventas y mercadeo; y nutrición y salud​. También puedes aprender habilidades mediante cursos de ​MiriadaX o ​Coursera​, o repasar temas de ciencias básicas en Khan Academy​ y de muchas especialidades en YouTube. Busca expertas y mentoras sobre lo tuyo en Internet, lee sus libros y fórmate con sus cursos. Asiste también a las charlas extracurriculares de las asociaciones estudiantiles de tu universidad.

No me extenderé mucho en este punto, pues los artículos ​Una alternativa a la Universidad de Borja Prieto y ​The One-Year, Alternative Graduate School Program —extracto del libro ​The Art of Non-Conformity​— de Chris Guillebeau, ​además de plantearte ejercicios específicos para comenzar​, reflejan mejor lo que intento transmitir: no dependas de la educación superior para comenzar a formarte en habilidades comercializables; puedes empezar ya mismo con lo que tienes a la mano (un keitai).

3. Es mejor comenzar con lo que ya conoces y orientarte a lo que otros buscan

Si tienes dudas vocacionales, un consejo útil es explorar una carrera relacionada con habilidades o conocimientos que ya poseas. Luego de once años de colegio, ya deberías tener alguna idea vaga de qué profesión se te da mejor, ya sea porque la viste en una serie, era tu deseo de infancia o asistías a cursos de verano sobre la materia.

Incluso si solo quieres entrar a la universidad para que tu familia te deje en paz, si no sabes ​nada sobre una especialidad determinada —y ​consideras que no tendrás ganas de aprenderla—, ¿para qué te vas a meter en algo que no te identifica?

Ojo, no todas las profesiones requieren cinco años de universidad, y algunas, por su carácter digital, ni siquiera tienen reconocimiento en generaciones anteriores a la milenial… y quizá tampoco entre tus pares. (¿Asistente virtual para emprendedores knowmadas? ¿Pero qué es esa vaina?)

Al momento de elegir, pasa revista a tus habilidades y aficiones y apuesta por algo que:

  1. Te cause emoción​, al menos la suficiente para querer dedicarte a ello y perfeccionarte durante diez, veinte o cuarenta años. Tu carrera debería interesarte a tal punto que seas capaz de pasar doce horas seguidas estudiando o haciendo proyectos relacionados con ella. Tus ganas de actuar, incluso si estás en tu primer día de tu primer año de «formación», deberían superar a ​tu síndrome del impostor​.
  2. Ya hayas hecho para otras personas​, ya sea porque ayudas a tus vecinos en temas y procedimientos relacionados, o participas activamente en foros y comunidades dedicadas a la profesión. A no ser que hayas dedicado los veranos a rascarte la entrepierna, ya habrás hecho algunas tareas para tus padres y familiares, ¿no? ¿Cocinabas en casa y eras buena anfitriona? Piensa en la gastronomía o la pastelería. ¿Salías bailando en las actuaciones? Puedes llevar tus habilidades artísticas al siguiente nivel, o volverte coreógrafa, o entrenadora de Zumba.
  3. Sea comercializable​, es decir, que exista un mercado para esos servicios en tu ciudad, en tu ciudad favorita o en Internet. Incluso deberías tener claro quiénes solicitan los servicios profesionales que deseas vender (y me refiero a referencias del tipo «la tía de mi amiga Luana contrató a Menganito Quispe para hacer FGH»). Añade a la tía de Luana y a Menganito Quispe a tus contactos y aprende de sus necesidades y procesos.
    La ocupación que elijas debería ser comercializable y útil incluso en tiempos recios como la criminalización del acercamiento social, la inestabilidad del suministro eléctrico o la carencia de servicios básicos. Si la que tienes no cumple del todo ese punto, compleméntala con otra; siempre es buen momento para aprender y reinventarse.

¿Cómo funciona esto?

¿Estás considerando estudiar medicina? Si te encanta hablar de los consejos del Dr. TV, sabes medir la presión y auscultar el corazón y has podido disfrutar de un par de guardias en una posta médica, ¡adelante! Hay muchísimas oportunidades de trabajo y emprendimiento en el sector… justo ahora se me ocurre crear un centro de consejería y diagnóstico precoz de coronavirosis, o asesoría a negocios de a pie que deseen implementar las medidas de higiene pertinentes.

¡Ojo! Lo ideal es que ya conozcas mucho sobre salud y enfermedades antes de salir del colegio. Nadie te pide que memorices el Harrison a los quince años, pero si no conoces los intervalos normales de los signos vitales, yo que tú me lo pensaría dos veces. Además, incluso así te convendría evaluar primero otras carreras análogas como la enfermería (que se orienta todavía más a la atención y al cuidado), la odontología, la obstetricia o la psicología. Pide información a tus mayores y date tiempo para experimentar en contextos asistenciales. Comienza por aquí: ¿Qué hay en medicina humana?

Por otro lado, una carrera como ​física​ también puede causarte emoción e incluso habrás sido la que hacía las tareas para sus amigas, con sus DCL y todo. Pero no tiene un campo de trabajo tan amplio y definido como la medicina, el derecho o la ingeniería. (O soy yo quien lo ignora.) No se ven muchos físicos en las noticias, y tampoco se necesita ser uno para enseñar física.

La física pura puede ser interesante como especialidad… pero a menos que quieras hacer experimentos nucleares por puro placer, quizá deberías mirar otras áreas como la investigación aeroespacial, el aprovechamiento de energías renovables o la ingeniería biomédica. Ve a ferias de ciencias y pregunta cómo un físico puede ser útil en las diferentes disciplinas aplicadas.

Si el motivo por el que nuestros padres nos enviaron a la universidad es estudiar algo para obtener un título y conseguir trabajo remunerado, recuerda que de nada valdrá ese esfuerzo sin nadie dispuesto a pagarnos por esas habilidades durante cuarenta años con los respectivos «derechos» y beneficios laborales. Si no hallas una forma de vender tu profesión, tu paso por la universidad será un desperdicio de tiempo y dinero.

Por supuesto, hay carreras y carreras. Es posible que, por ejemplo, quieras ser influenciadora, traductora o mangaka.

Para lo primero puedes, si te interesa un título, estudiar comunicaciones y complementar tu formación con cursos de edición de video, lenguaje corporal y mercadeo de cara a las marcas. Que es lo que de verdad vas a hacer con tu vida. (¿En matemáticas de primer ciclo hay ejercicios sobre las métricas de Instagram?)

La carrera de traducción y los talleres de manga pueden no estar disponibles en tu ciudad, así que es posible que tengas que comenzar con «otra cosa» para no contrariar a tu familia. ​Una solución intermedia es estudiar una carrera técnica que te dé tiempo libre, formarte, emprender y, una vez con dinero en mano, marcharte a otra ciudad para cumplir tus sueños.

Por último, siempre que puedas, dedícate a algo que funcione bien en medios digitales. Las cuarentenas han golpeado sectores que dependían de la aglomeración de personas, como la educación, los espectáculos, el turismo y el comercio de bienes no esenciales; sin embargo, en un entorno en el que tenemos acceso al suministro eléctrico y a las redes de telefonía e Internet, es posible continuar prestando servicios educativos, administrativos, de entretenimiento, de consultoría y tantos otros, además de coordinar la distribución y entrega de productos físicos.

4. Sí, importa a quiénes conoces

Por eso, ​tu prioridad debe ser el relacionarte con tus clientes desde el día uno y, a la vez, volverte una referente en tu especialidad​.

Siendo realistas, ¿de verdad necesitas un título universitario para traducir libros ilustrados, conducir paseos turísticos o llevar la contabilidad de una empresa familiar?

Hay profesionales que lo hacen sin título. Reciben el apelativo cariñoso de «intrusos», supongo que porque a alguien hay que echarle la culpa de la mala percepción que otros tienen de tal o cual especialidad.

Entiende que el dinero llega a ti por aportar respuestas y soluciones a las personas.

Yo no tengo la culpa de que muchos «intrusos» (de los que ni siquiera leyeron un libro de tu especialidad) sepan venderse, atender y entender a los clientes mejor que tú, así que deja de lado ese cuento y ​no esperes a terminar la universidad para empezar a posicionarte como la mejor solución; ve y sal a hacer lo que vas a hacer como profesional​.

Relaciónate con los clientes desde el primer día, contacta a tus compañeras mayores al día siguiente de ingresar a la universidad, busca formas de practicar la profesión con experiencias de campo, a ser posible con una mentora de tu lado. Si eres de educación, monta una miniacademia vacacional o preuniversitaria; si eres de traducción, colabora en equipos de fansub; si eres de derecho, intenta explicar el Código Civil a tu tía que está pensando en poner una denuncia por alimentos.

Por supuesto, ​la formación académica previa es necesaria para entender y perfeccionar tu método, pero es al resolver problemas y diseñar e implementar estrategias que demuestras tu verdadera capacidad de producir un impacto positivo en las personas que acudirán a ti​.

Una forma de buscar clientes (y mentoras) es colaborar en proyectos de otros profesionales. Ofrécete a hacer revisión bibliográfica, a recolectar datos de campo, a mantener los equipos del laboratorio o a sacar fotocopias (en una empresa de lo tuyo, no en una galería de tipeos piratas).

Busca personas que ya hayan logrado lo que quieres alcanzar y que estén dispuestas a compartir de buena gana sus métodos con los demás.

Recuérdalo: importa a quiénes conoces. Es más probable que quieras contratar a tus amigas (o a una experta cuyos videos sigues en YouTube) que a una desconocida uniformada que solo puede presentar hojas impresas con su nombre y su foto en un fólder manila.

Sé la experta para la gente que te conoce. Participa en reuniones que te acerquen a las personas que podrían contratarte en un futuro. Permanece alerta a las oportunidades de proyectos, pasantías y contrataciones. ​Demuestra tus capacidades compartiendo tus emprendimientos, métodos y experiencias.

Y ya que hablamos de compartir, ¿qué tal si aplicas eso de ​dar para recibir​?

Deja la timidez para tiempos mejores y dedícate a dictar charlas, o abre un blog o un canal de YouTube. Publica artículos que complementen tu perfil de LinkedIn. Participa en grupos de Facebook de tu especialidad, o en ResearchGate si te interesa la investigación.

Aporta respuestas, tanto para tus colegas como para los que no saben ni papa​.

El compartir lo que haces y lo que aprendes te servirá para sentirte útil y posicionarte desde el día uno, para conocer posibles clientes y obtener respuestas de tu mercado, y para hacerte consciente de tus fortalezas y limitaciones.

Es cierto que muchas veces tendrás dudas, no tendrás la respuesta para ciertos problemas o tropezarás debido a tu inexperiencia. No importa, porque es parte del camino hacia la experticia. Pregunta a la que sí sabe y aprende a documentarte e investigar. (Que es lo que se hace en contextos reales.)

Si a la gente le gusta tu contenido (o si a otros les parece una mierda), créeme que te lo harán saber. Si hay errores e imprecisiones, también te lo dirán, ya sea con buenas maneras o con ataques ​ad hominem​. Aprende a reconocer tus errores, a defender tus ideas con buenos argumentos y a retirarte si, con ello, evitas alimentar al trol.

5. Tu estilo de vida es tu responsabilidad

Al salir del colegio, es muy probable que te rodee la idea de que «para ser algo en la vida, hay que ir a la universidad», por eso preferí comenzar hablando sobre el contexto universitario como tal, pero ¿te has parado a pensar en qué es «ser algo» para ti? ¿Cuánto deberías ganar como mínimo para decir que vives bien, para mantener a la familia que te gustaría tener?

ANTES DE PENSAR EN UNA CARRERA, PRIMERO DEBERÍAS RESPONDER A LA PREGUNTA MUCHO MÁS DIFÍCIL DE «¿QUÉ QUIERO HACER CON MI VIDA?».

Entiende que ​el camino a la adultez pasa por hacerse independiente​: tener un espacio para ti y preparar uno para tu familia futura, ser capaz de ​trabajar aportar valor a la sociedad y tener tu propia red de contactos. Visto de esa forma, encontrar algo que quieras hacer a partir de los diecisiete años es mucho más importante que ver listas de universidades o quejarse porque no se implementa la educación subsidiada en tu ciudad.

¿Y si todavía no tienes una respuesta? ¿Y si lo que deseas no tiene carrera?

En situaciones así, ​investiga sobre las diversas posibilidades y prueba algunas cosas para descubrir qué te gusta y cuáles son tus valores​. Si quieres ideas, lee este artículo de Ángel Alegre: ​¿No sabes qué hacer con tu vida? Lee esto y comienza con las alternativas a la universidad de Borja Prieto y de Chris Guillebeau.

Un año de formación alternativa suele ser suficiente para empezar, y casi nadie de tu familia te mirará con mala cara por subvencionarte durante ese tiempo. De nuevo, si quieres estudiar algo para que no te acusen de floja durante esta fase de búsqueda, vete a un instituto técnico que enseñe administración o contabilidad, muy útiles para la emprendedora que serás en un futuro.

Recuerda que no solo hay oportunidades trabajando en tiendas y fábricas a cambio del sueldo mínimo. Ya mencioné que hay ocupaciones interesantes y creativas que no requieren un título universitario: fotografía y diseño gráfico, redacción comercial y periodística, programación, locución y actuación, etc. En estas, es todavía más importante buscar a los mejores clientes y poner los precios apropiados para ganar bien.

Además, gracias a los beneficios de la revolución informática y la ampliación y abaratamiento de la cobertura de la Internet, en este siglo xxi está surgiendo el cognomadismo, un estilo de vida en el que se aprovecha esta situación para trabajar en equipos colaborativos multinacionales, desde la comodidad de tu hogar y a las horas más convenientes para ti.

Cuando sientas que tu mente está recargada de ideas, vete a un lugar donde no te moleste nadie, preferentemente uno silencioso, y escribe:

  1. ¿Qué te gustaría hacer con tu vida dentro de cinco años? ¿Dónde te gustaría trabajar? ¿Quiénes serían tus amigos y tu pareja? ¿Quiénes serían tus clientes ideales y cómo les servirías? ¿Dónde vivirías, con quiénes y con qué comodidades? Describe cómo sería un día de tu vida dentro de cinco o diez años, desde que te levantes hasta que te acuestes.
  2. ¿Qué deberías hacer para alcanzar esa vida? ¿Estudiar una carrera? ¿Unirte a una asociación? ¿Asistir a eventos? Lo que buscas, ¿está en otro país? (¿Qué posibilidades existen? ¿Hay becas y otros programas?) ¿Cuánto dinero necesitas? ¿Cómo esperas reunirlo? ¿Qué amistades deberías buscar y con quiénes deberías cortar?
  3. ¿Puedes comenzar ahora mismo (en 24 horas)? [Respuesta: sí.] Comprar exámenes de admisión para practicar, esquematizar ​el lienzo de una idea de negocio​, organizar una pollada para juntar dinero, mirar el primer video de un curso a distancia, aprender a medir la presión arterial mientras buscas la forma de practicar en una posta médica.

—​Todavía no se me ocurre nada​ :c

Está bien. También puede pasar que, a pesar de exponerte a diversas ideas y experiencias, sigas sin tener idea de qué quieres hacer con tu vida; o quizá no sabes cómo ni por dónde empezar.

Incluso es posible que, en realidad, estés atravesando por una temporada de ansiedad o depresión, con la consiguiente dificultad para encontrar la calma. Para estos casos, ​busca la asistencia de una (buena) psicóloga o mentora especialista en estas cuestiones​. (Porque no cualquiera te vale.)

La asistencia psicológica convencional te dará tratamiento y terapia con pastillas muy útiles para la neurotransmisión eficaz. Pero si no atacas el origen del problema (que bien podría ser la falta de metas fijas o el posponer ciertas decisiones), tarde o temprano vas a recaer.

Así que ​TOMA DECISIONES Y BUSCA UN NUEVO SUEÑO POR EL CUAL LUCHAR​.

—​Pero tengo miedo a descubrir un día que esa carrera no es para mí y dejar atrás todo lo que hice hasta ese momento…

Bienvenida al club. Jamás habría descubierto que el trabajo hospitalario no se ajustaba con mis prioridades de vida si no hubiera estudiado medicina hasta el punto de necesitar integrarme en ese entorno.

El cambio es parte de la vida. ​Es normal que conforme vayas adquiriendo nuevos conocimientos y experiencias, tus aspiraciones, metas y creencias cambien o se reemplacen por otras. Por supuesto, también es posible que no sea así y que, más bien, se consoliden tus valores y principios y se intensifiquen tus objetivos y sueños de hace cinco años.

Se dice que ​te arrepentirás más por lo que no hiciste que por lo que sí​. Pero lo contrario también es cierto: también puedes ​arrepentirte más por hacer algo que pudiste evitar en su momento​, como decir sí a relaciones, trabajos y oportunidades que, con el tiempo, te esclavizarían sin que te des cuenta; o regalar tu primer beso y tu primera vez a quien nunca los mereció.

Para despecho de quienes piden leyes en las que el Estado (y cualquier tercero en general) te garantizará la vida, no hay forma de predecir el futuro, ni opciones 100% libres de errores o dilemas. Por ello, ​otra habilidad que deberás desarrollar en tu tránsito a la vida adulta es aprender a vivir con las consecuencias de tus actos y confiar en tu capacidad de levantarte y seguir adelante​.

Ahora, me gustaría hacerte un par de preguntas.

¿Qué te parece lo que acabo de contar? ¿Es entendible y realista? ¿Consideras que son ideas prácticas o estoy cayendo en el juego docente de florear sin más? Si ya estás estudiando en la universidad: ​¿es verdad todo lo que digo o no?


Imagen de cabecera: Girl Library Education de cuncon se usa conforme a la licencia Pixabay.

Cita este artículo (NLM) como:
Vera-Palomino E. Estar en la universidad: lo que sí importa [Internet]. Ica (Perú): Shiny dreamer; 2020 sep 22 [actualizado 2020 dic 23, citado [fecharef]]. Disponible en: https://shinydreamer.xyz/estar-en-la-universidad-lo-que-si-importa/.

Últimas entradas de Eduardo Vera (ver todo)
¡Compartir es agradecer! 🎉