Técnicas de estudio que me permitieron sobrevivir en la universidad con notas aceptables

La mayoría de estudiantes apenas tienen idea de qué va todo esto. Lo más probable es que nunca lo hayan aprendido, y el apuntarse a cursos mediocres solo empeora el problema. Entonces, ¿cuál es la gracia de estudiar en la universidad cuando apenas puedes conceptuar el término «estudiar»?

¿Cómo se estudia?

«Estudiar» es la palabra que la gente suele usar para referirse a un tipo de lectura en la cual esperas memorizar, si no todos, la mayoría de los datos de un libro, de tal forma que puedas contestar preguntas en un examen, paso oral o encuesta de opinión pública.

La buena noticia es que el estudio es mucho más interesante que eso.

Antes solía quejarme de no saber estudiar, pero con el tiempo me di cuenta de que tiene que ver más con la idea de interiorizar un conocimiento nuevo, con esforzarse activamente para adquirir e integrar un conocimiento disponible en vez de esperar sentada a que este resurja en tu cabeza por generación espontánea.

Por ejemplo, si me dices que estás estudiando biología, ¿dónde está el conocimiento disponible sobre la materia? En libros ilustrados, como Biología Celular y Molecular de De Robertis, y en videos, como los de Khan Academy.

¿Cómo comienzas a adquirir el conocimiento? El primer paso es entrar en contacto con él: la lectura (o visualización) atenta del contenido.

Luego, necesitas integrarlo. Es posible que tengas una memoria tal que con una leída te acuerdas hasta los cien años, pero la mayoría de nosotros necesitamos recurrir a ciertas técnicas y, aun así, con suerte recordamos hasta que se acaba la unidad. No importa.

Hay varias formas de medir la integración del conocimiento, pero la más relevante para ti es la aplicación de la teoría en los problemas del mundo real. Si no vuelves a usar un conocimiento luego de varios años del examen, es porque no te sirve para nada.

Siguiendo con el ejemplo de la biología, es posible que contestes correctamente (y olvides en un mes la respuesta) a la pregunta: ¿cuál es el dogma central de la biología molecular?

Pero si luego de un año te encuentras en tu primera práctica de genética y te piden identificar el locus presunto de cierto gen que codifica una proteína ABC (y te dan la secuencia de aminoácidos), ¿cómo vas a responder sin la menor idea de la transcripción y la traducción?

Tú estás para aprobar; deja el aprendizaje para tiempos mejores

Quizá el haber repetido cursos desde primer ciclo de medicina me preparó para una de las revelaciones más importantes de mi vida: el juego académico consiste más en APROBAR un programa que en APRENDER lo que te servirá para la vida profesional.

Aunque conocía la idea, anduve con tropiezos hasta el quinto ciclo, cuando faltando un mes para acabar me vi con un pie en la tercera matrícula y me invadió la desesperación ante la perspectiva de dejar atrás a un grupo al que apreciaba muchísimo.

No quería separarme de mis compañeras ni quedar humillado ante mi crush del momento, así que me esforcé como nunca antes. Por primera vez, en mucho tiempo, tuve claro mi objetivo principal: APROBAR, lo que implicaba reventar exámenes, presentar —ahora sí— TODAS las tareas y exposiciones y cumplir con el 70% de asistencias.

Tuve que deshacerme, una vez más, de la idea romántica de «estudiar para aprender» con la que comencé el ciclo.

Pero, ¿qué tan diferentes son estos enfoques?

Cuando estudias para aprender:

  • Intentas asimilar cada una de las ideas del libro, independientemente de su posible aplicación posterior.
  • Como lees para adquirir ideas, dedicas todo el tiempo que haga falta para entenderlas bien y reconocer sus relaciones con otras áreas.
  • Si no tienes idea de qué es lo que realmente usarás en el futuro, es fácil verse desbordada por TODO lo que te falta aprender. («Cuanto más sé, menos sé.»)

Cuando estudias para aprobar:

  • Te centras en dominar primero (o solamente) los temas esenciales para aprobar exámenes, que pueden valer entre 30% y 50% de tu nota de unidad. Sí, tu promedio se juega en una hora.
  • Ya sea de manera deliberada o inconsciente, intentas quitarte tareas y otras cargas durante el ciclo. El tiempo recuperado lo usas para repasar otra cosa, practicar alguna afición o irte de parranda. Confías en que aprobarás, de una u otra forma, incluso con arreglos bajo la mesa.
  • Es posible que entiendas o no lo que haces, y que tus resultados sean mediocres. Pero sabes que existe un camino hacia el título profesional e intentas mantener el paso a toda costa.

Ambos enfoques son útiles cuando se aplican en las circunstancias adecuadas.

Estudiar para aprender suele ser agotador y quizá te quedes corta al momento de rendir las evaluaciones. Pero si solo estudias para aprobar, te quedarás corta (y me pasó varias veces) cuando en ciclos superiores tengas que usar conocimientos de un curso que ya aprobaste. Y ojalá Pachacámac ponga buenas mentoras en tu camino, para que veas los errores que estás cometiendo.

Técnicas de estudio

Hay muchísimas: subrayado, mapas conceptuales, autoevaluación, estudio grupal, lectura veloz…

Hay muchos sitios web que explican esas técnicas, y quizá en tu universidad se dicte un curso llamado Técnicas de Aprendizaje, así que puedes buscar esa información por tu cuenta.

Luego de poner en práctica algunas de ellas, encontré que las siguientes se adaptaban mejor a mi propósito de aprobar y a mi forma de ser. Por tu parte, coge lo que mejor se adapte a tu estilo.

EXÁMENES ANTERIORES

No tengo tiempo infinito ni el resto de mi vida comprada, así que si en algo debía usar el que sí tenía, era en centrarme en las tareas que tuvieran el mayor porcentaje en el promedio. Una de ellas, definitivamente, era el aprobar los parciales.

Al comienzo de cada ciclo, solía ir al puesto de fotocopias para pedir el archivo de exámenes de los últimos diez años. Con ello podía reconocer el nivel de dificultad de las preguntas y de qué libros las tomaban.

Una de las ventajas del banqueo es que te permite aplicar el conocimiento nuevo en una situación real: los exámenes. Primero leía el tema, luego resolvía el examen (de toda la unidad) para ver si es que recordaba algo, después examinaba cada pregunta en el libro y volvía a repasar.

Al día siguiente hacía lo mismo. Con mucha práctica, aprendía a identificar las ideas esenciales y la forma de pensar de esa materia, que es una de las poquísimas cosas que recordaría luego de varios años.

Lo de tratar de identificar las ideas esenciales es algo que leí en la guía Cómo estudiar y aprender una disciplina de Richard Paul y Linda Elder. Sí, había que memorizar para ciertos exámenes, pero esas ideas eran útiles para buscar información en Internet y avanzar con la lectura de temas que, aunque no entraban en el examen, sí debíamos exponerlos en clase.

Una sugerencia muy útil: estudiar para el 20. Mi idea de «estudiar para aprobar» no se limitaba a pasar con la nota mínima de 11; si me enfocaba en el 20, aprobaba con un margen más que aceptable. A veces, incluso, obtenía la nota más alta de ese examen, y esos puntos extra me permitían sobrescribir algunas inasistencias y tareas no presentadas.

SUBRAYADO

Entendamos el subrayado como algo amplio: digamos que es cualquier rayadura que hagas a tu libro.

Una compañera resaltaba sus apuntes con seis colores diferentes, cada uno para no recuerdo qué tipo de idea.

Yo no podía con tanto. Me limitaba a tres resaltadores: amarillo para las ideas importantes, anaranjado para títulos y subtítulos y verde para conceptos preguntados en exámenes anteriores. Por otro lado, para subrayar usaba un lápiz para los libros ilustrados y un lapicero azul para las fotocopias. Una vez más, se trata de probar e identificar lo que funciona para ti.

También realizaba anotaciones en mis copias, si bien casi siempre se trataban de reacciones personales como «wow», «アスマレ!», «:c:c» o similares.

RESÚMENES

Mis compañeras iban a clase con cuadernos impecables, como de colegio, repletos de esquemas y resúmenes de cada tema.

Yo, por mi parte, me conseguía el papel bon más barato que pudiese encontrar y, sí, escribía resúmenes, pero más orientados a las preguntas de exámenes anteriores. Estaban pensados para ser releídos, como mucho, una o dos veces hasta el final de la unidad, y para servirme de consulta en alguna fase posterior.

No veía el sentido de transcribir las ideas que ya estaban en el libro, por lo que solo copiaba aquellas necesarias para entender el tema y, a ser posible, estuvieran citadas en varias fuentes.

Un punto aparte merecen mis notas de clase, escritas en un lenguaje muy taquigráfico, plagado de niponismos, y cuyo contenido estaba cero orientado a su revisión por pares. Salvo pocas excepciones, anotaba detalles sin importancia que exasperaban a quienquiera que intentaba usar esos apuntes para un repaso serio. Lo hacía por puro aburrimiento, para conservar anécdotas y hacer hora.

Una vez más, lo que decían las docentes ya estaba mejor explicado en los libros ilustrados.

TAREAS ANTERIORES

Antes de identificar mi propio método de tareas mínimas presentables, solía quejarme de la complejidad aparente de presentarlas CADA SEMANA. Me parecía (y me parece) imposible elaborar trabajos de calidad profesional en un plazo tan corto.

Por lo general, usábamos las mismas muestras de laboratorio. Las guías de prácticas y los temas del sílabo apenas variaban cada año. Ello hacía que saliera más a cuenta dedicarse al copipega o presentar tareas y seminarios anteriores.

Tiene sentido. ¿Para qué molestarse reinventando la rueda cada ciclo? Alguien lo ha hecho ya, y seguro que lo ha puesto en dominio público porque ya ni necesitas atribuir el trabajo; muchos se contentaban con cambiar el nombre en la carátula.

Rara vez llegaba a tal nivel de sinvergüencería. Me conseguía esos trabajos para usarlos como punto de partida, y presentaba versiones corregidas, actualizadas y ampliadas. Sin embargo, en más ocasiones de las que habría preferido, tenía que elaborar un documento nuevo.

Los trabajos grupales son otro cantar, porque ahí la gente copipega como se le da la gana. Sabía que muchas tareas anteriores (que otras compañeras sí usarían) tenían una calidad dudosa, pero una vez enviada mi parte, prefería centrarme en estudiar para el parcial.

PRACTICAR, PRACTICAR Y PRACTICAR

Para aprobar ciertos exámenes no había libros ilustrados. Además, a partir de séptimo ciclo, los pasos orales y la presentación de historias clínicas adquirían mayor peso en el promedio.

La idea, entonces, era hacer lo que me pedirían hacer. ¿Examen de patología? Me pedirían identificar una lesión en el microscopio y responder factores de riesgo, tratamiento o marcadores tumorales. ¿De investigación? Presentar un protocolo al gusto del docente, aunque de las cincuenta referencias que te pide, solo diez sean relevantes para el tema.

Mis cursos de informática me aburrían porque iban demasiado despacio para mi gusto. Además, ¿a quién se le ocurre enseñar en VI ciclo un programa de estadística cuando ya olvidamos la teoría —II ciclo— y lo necesitaríamos recién para la tesis —XIV ciclo—?

Como sabía que mi fuerte allí era la práctica, me iba al centro de cómputo un par de horas, uno o dos días antes del parcial, siempre con mi balotario de parciales pasados, para practicar los diversos comandos y operaciones que utilizaría.

En otras asignaturas, como medicina interna, la práctica consistía en interrogar pacientes. Pero aquí hay un punto aparte, y es que a mí me incomoda muchísimo molestar a pacientes.

Di lo que quieras, pero ya que ni siquiera trabajaba en el hospital y que poco o nada podía hacer para intervenir en el tratamiento o resolver sus problemas (en especial, los no médicos), preguntarle a un paciente sobre síntomas y signos que (solo yo sabía que) nunca más iba a revisar me parecía de lo más innecesario e inútil.

Además, como un día vuelva de vacaciones al hospital, tampoco quisiera que me molesten a mí. (No hagas a los demás…)

Otras habilidades que requieren (muchísima) práctica antes de tu primera guardia en emergencia: medir los signos vitales, administrar medicamentos inyectables (si estudias salud y no sabes administrar una IM, mejor dedícate a sembrar papas), interpretar exámenes de laboratorio, electrocardiogramas y radiografías (al menos los resultados más comunes), curar heridas y suturarlas… y para eso no hay atajo.

Epílogo

Estas técnicas me permitieron sobrevivir (e incluso superar estándares) durante los cursos de básicas, mucho más académicos. Solo el mundo hospitalario hizo que comenzara a pensar más de dos veces si de verdad quería hacer eso con mi vida, pero eso se sale del tema de este artículo.

Como habrás visto, son técnicas que implementé para mi situación particular, pero que puedes adaptar a tu conveniencia para casi cualquier carrera. Un rasgo común es que todas se orientan al estudio individual. Por supuesto, existen dinámicas grupales, pero no solía recurrir mucho a ellas. Además de que me gusta estudiar solo, el acto de leer frente a otra persona leyendo me resulta de lo más incómodo y antinatural porque siento que preferiría que habláramos de la vida, o hacer otra cosa.

Sin embargo, recuerda: tú estudias una profesión para solucionar problemas específicos. Sobrevivir a la universidad es indispensable, pero tu principal obsesión debe ser aprender los kata de esa profesión en contextos reales.

Ahora, dime: ¿qué es el estudio para ti? ¿cuáles son las técnicas de estudio que te funcionan? ¿por qué funcionan? ¿qué piensas de la contraposición entre estudiar para aprobar y para aprender?


Imagen de cabecera: Laptop Woman Education de JESHOOTS-com se usa conforme a la licencia Pixabay.

Cita este artículo (NLM) como:
Vera-Palomino, E. Técnicas de estudio que me permitieron sobrevivir en la universidad con notas aceptables [Internet]. Ica (Perú): Shiny dreamer; 2020 sep 15 [citado 2020 %b 21]. Disponible en: https://shinydreamer.xyz/tecnicas-de-estudio/.

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